jueves, 11 de diciembre de 2008

“Los caminos para Nicaragua están cerrados”

Esto revela una actitud generalizada de soberbia autoritaria. Es como si quienes gobiernan Nicaragua no vivieran en el mundo real.” La fuerza de Ortega se basa en el poder de arriba hacia abajo, en el control de las instituciones, en el chantaje de la corrupción.”

Escrito por José Luis Sanz

El gobierno de Ortega acaba de vetar su prólogo a un libro de poesía, pero el escritor dice que no es personal. La represión, afirma, va a afectar a todos.

Sergio Ramírez es estos días una paradoja de natural buen humor pero convencido pesimismo. Habla del veto impuesto por el Gobierno nicaragüense a un texto suyo (ver recuadro en página 26) con la frialdad de quien lo esperaba, pero enumera las acciones del presidente Daniel Ortega contra sus críticos como quien reseña lo inaudito. No esboza soluciones. No las ve en el horizonte cercano de su país, pero asegura que no dejará de criticar. Y mientras pueda, dice, lo hará viviendo en Nicaragua.

¿Por qué cree que el Gobierno de Nicaragua querría vetar un prólogo suyo? ¿Qué gana Ortega?

Para responder eso tendría que preguntarme qué ganó con procesar en un falso juicio de injurias y calumnias a Ernesto Cardenal, con declarar que las canciones de Carlos Mejía Godoy no le pertenecen por derecho propio como autor sino que pertenecen al pueblo, qué ganó con asaltar las oficinas del periodista Carlos Fernando Chamorro y llevarse archivadoras, computadoras, por un juicio que no tiene ni pies ni cabeza y en el que los fiscales, después de tres meses, no hallan delitos que imputarle...

Esto lo que revela más bien es una actitud generalizada de soberbia autoritaria. Es como si quienes gobiernan Nicaragua, que son este matrimonio (Ortega y su esposa, Rosario Murillo), no vivieran en el mundo real: cuando Estados Unidos se va de Nicaragua con su Cuenta del Milenio, y la Unión Europea suprime la cooperación para mantener el presupuesto nacional, la respuesta del presidente es “mejor, así somos más libres”.

Enumera casos de intelectuales y artistas de izquierda, en muchos casos con un pasado vinculado al sandinismo. ¿Por qué Ortega choca especialmente con ustedes?

Y agrego a Gioconda Belli, a quien viene insultando a diario desde hace rato en Radio Ya y en Canal 4, diciendo cosas vergonzosas, en una campaña permanente...

Es porque en este país no hay ya espacios para la disidencia. Lo que se está armando es una represión que no solo va contra los intelectuales, sino contra el ciudadano común y corriente que se quiere manifestar en contra del Gobierno. Es la intolerancia absoluta ane la crítica. Tienen la idea de que encabezan un régimen que lleva al país a su felicidad a través del socialismo del siglo XXI, y piensan que nosotros, con nuestras críticas, lo estamos evitando.

Es una tolerancia íntegra. Al que se quiere manifestar en las calles por el fraude electoral le salen a palos y pedradas, y la Policía tiene órdenes del propio presidente, él lo ha dicho, de no intervenir.

¿Cree que le duele más a Ortega la crítica desde la izquierda?

Si le duele, la está provocando. Ya no hay un solo intelectual de izquierda que no se haya pronunciado. El otro día le comentaba a Carlos Fernando Chamorro que si sumamos los nombres que se han manifestado en el mundo por su caso, el mío, el de Carlos Mejía, el de Ernesto Cardenal... hay un frente inmenso en el que están José Saramago, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Juan Gelman, Chico Buarque, Joan Manuel Serrat, Jaime Sabines... ¿Quién no está ahí? ¿Y les importa? Ellos tienen perdida la batalla internacional con la izquierda.

Pablo Centeno Gómez, a quien el INC señala como único autorizado para prologar la obra de Carlos Martínez Rivas, también le da su apoyo. ¿Cambiará eso algo?

Es un hombre muy honesto, muy amigo de Carlos al igual que lo fui yo. Le conozco desde hace mucho tiempo. Y cuando ellos difunden la mentira de que yo no puedo escribir el prólogo porque Carlos dijo que solo podía hacerlo Pablo Centeno, él dice que eso es mentira.

¿Cambiará esto algo?

No, esto es irreversible. Lo que se refiere a este libro es una anécdota ya. Se sustituyó el libro de Carlos por uno de Juana de Ibarbourou.

¿Ha recibido alguna otra presión o amenaza en los últimos días?

Los insultos permanentes que me lanzan por Radio Ya y el Canal 4 de televisión acusándome de ser agente de la CIA disfrazado de escritor. Dicen que los premios que yo me gano, los que le dan a Gioconda Belli o le conceden a Ernesto Cardenal son pagados por la CIA.

Este tipo de locuras a ti y a mí nos pueden dar risa, pero si todo el día me están llamando agente del imperialismo, vendido a la burguesía, vendepatrias, etc., aquí hay fanáticos que si me ven en la calle pueden reaccionar contra mí. Son procedimientos que no ha inventado Daniel Ortega, sino que se usaron en Italia en tiempos de Mussolini, y que llevan irremediablemente a intentos de agresión. Yo temo ataques físicos. No ha ocurrido, pero lo temo.

Habla de falta de contacto con la realidad de las decisiones de Daniel Ortega. Si es así, ¿en qué se basa su fuerza?

En la circulación del poder de arriba hacia abajo, en el control de las instituciones, en el chantaje de la corrupción. Daniel Ortega se ha dedicado cada vez más a controlar directamente, no ya mediante el pacto con Arnoldo Alemán, a las personas en instituciones claves.

En el Consejo Supremo Electoral dos magistrados liberales, René Herrera y José Marenco, se pasaron a su lado con todo y cartuchera, y han legitimado el resultado mientras del otro lado ya solo queda uno que denuncia el fraude. Ya no son magistrados que respondan a la oposición que representa Alemán, sino que ya pasaron a su bando.

Lo mismo sucede con la Contraloría General de la República, y en la Asamblea ya tiene el control, 47 votos, porque diputados de oposición se han pasado del lado de Ortega por pagos o por otro tipo de manejos. Este es un control desde arriba, y tiene abajo la fidelidad de un sector ciego de la población, que no es la mayoría, pero sí una minoría muy activa, enardecida, que cuando le ordenan salir a la calle lo hace con palos y garrotes.

Se le asocia con líderes como Evo Morales, Rafael Correa...

Ortega no es lo mismo que Correa, no es lo mismo que Morales. Ellos tienen la mayoría. Lo han demostrado en los plebiscitos a los que han llamado. En como usa su mayoría Morales puedo estar en desacuerdo, pero la tiene. Y Hugo Chávez personalmente la tiene. Ortega no.

Y ha desarticulado la Policía. La jefa de la Policía está aislada y es Ortega quien da las órdenes directamente a los mandos inferiores. Es una situación nueva, distinta, la que está viviendo Nicaragua, y cada vez empeora. Yo ya no confío en la Policía como confiaba antes, por mi seguridad, y eso es un cambio dramático. Para mí y para todos los ciudadanos.

Usted mismo dice que miembros de la oposición ahora están apoyando a Ortega, y Eduardo Montealegre hablaba hace unos días de la tradición de pactismo en Nicaragua en parte lo que derivó en esta situación. ¿Hasta qué punto la oposición está unida o es en sí misma otro pacto artificial? ¿Hay una reflexión al respecto en la oposición?

¿Cómo veo yo la situación después de las elecciones, del fraude descarado, visible, en las principales capitales provinciales? Creo que la democracia nicaragüense retrocedió 60 años, porque volvió a 1947, cuando el viejo Anastasio Somoza hizo el último gran fraude electoral visible en Nicaragua, al robar las elecciones al candidato de oposición Enoc Aguado. ¿Y es que después no hubo más fraudes? No, porque la oposición no volvió a ir a elecciones, sino que la familia Somoza se inventó lo que Pedro Joaquín Chamorro calificó como “partidos zancudo”. Como se había perdido el respeto a las elecciones porque todo el mundo sabía que Somoza se las robaba, los partidos no volvieron a concurrir y Somoza inventó partidos de mentira, que participaban en las elecciones y obtenían una cuota fija de asientos en la Asamblea.

Ahora, después de este fraude, siento que vamos a volver al zancudismo, y que los que van a ir a las elecciones son partidos aliados, como los que Ortega ya tiene en la Asamblea, porque le quitó su partido a Montealegre, la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN). Compró a los dirigentes del partido y esos son ya sus zancudos...

Yo me cortaría la mano si en la próxima elección Ortega no crea algún partido similar al ALN, que ya es suyo, que es una oposición de mentira. Yo solo volvería a votar, después de que me robaron el voto en las pasadas elecciones, si hay miles de observadores internacionales y quienes cuentan los votos son otros jueces.

¿Cuál debería ser entonces según usted la estrategia de la oposición? Montealegre habla de agotar todas las vías legales...

Y tiene razón en eso. Montealegre está asumiendo bien su papel de líder de la oposición que está denunciando un fraude electoral. Hay que agotar todas las vías jurídicas para que nadie les diga que no lo hicieron, pero él está claro en que no les van a hacer caso.

¿Qué le espera a Nicaragua?

Los caminos están cerrados y esto es una olla a presión. Yo no quisiera violencia de ningún tipo, pero la verdad es que ¿cuáles son las opciones? Veo muy oscuro el panorama, sobre todo porque el año que viene vamos a tener un año económico pésimo: la Unión Europea retira la ayuda, también Estados Unidos, va a haber problemas con el FMI, con el BCIE... Porque si las cuentas no van, los apoyos no vendrán, y se caerá el apoyo a la infraestructura productiva, créditos para cosechas... Se está calculando que el crecimiento económico será cero, el barril de petróleo venezolano se ha caído, por lo que el dinero que personalmente llega a Ortega no va a ser suficiente para llenar los huecos que está dejando el retiro de la cooperación...

Y digo que le llega personalmente porque con el convenio vigente el 25% de cada barril que viene de petróleo venezolano no va a las arcas del Estado, sino que lo maneja personalmente Daniel Ortega a través de una empresa privada suya, que él compró.

Yo preveo más desempleo, menos actividad económica, y junto con la crisis política con eso estás añadiendo azufre a la pólvora.

En este punto, ¿cuál debe ser el papel de los intelectuales de Nicaragua y de la región?

Mi arma es la crítica. Yo pienso seguir siendo crítico como escritor. No voy a callarme. Y asumo los riesgos que eso trae consigo, pero voy a hablar, desde dentro de Nicaragua mientras pueda, como ciudadano al que le interesa que se restablezca la democracia.

La próxima crisis vendrá cuando Daniel Ortega someta a la Asamblea el proyecto de reforma constitucional para poderse reelegir. Ahí otra vez le va a prender fuego a la mecha.

En El Salvador parte de la derecha afirma que si el FMLN gana las elecciones el año entrante se puede repetir lo que sucede en Nicaragua. ¿Lo cree así?

Mauricio Funes tiene la oportunidad histórica de, si llega a la presidencia, demostrar que la izquierda puede gobernar de manera democrática, como lo ha hecho Lula en Brasil. Yo sé que sus circunstancias son muy difíciles. Sé que la dirigencia dura del FMLN tiene otro tipo de ideas y está muy identificada con el pensamiento de Daniel Ortega, pero me parece que allí la circunstancia es distinta, porque el candidato no es alguien como Ortega, sino alguien que viene de las filas civiles, no de la tradición militar y que pudiera hacer un gran papel.

Pero esto es una moneda en el aire... No creo que sea solo la voluntad de Funes, sino el anillo de hierro que lo va a rodear. A él le toca romper ese anillo. Porque si lo que está marcado para El Salvador es lo que está pasando en Nicaragua, yo diría “Dios libre a El Salvador”.

http://laprensagrafica.com/index.php/internacionales/centroamerica/5300.html

No hay comentarios: